Espelta con su dulzura rústica, alforfón de carácter tostado, escaña de fibra cariñosa, mijo luminoso y centeno de perfume boscoso se reencuentran con cocinas actuales que buscan sostén, no moda. Son granos adaptados al clima alpino y los suelos calcáreos, expresando terroir con humildad. Su perfil nutricional equilibra energía y micronutrientes, y su sabor inspira platos sencillos, profundamente reconfortantes.
Bajo techos de madera, piedras viejas giran lentas, conservando el germen y los aceites del grano. La harina respira, más viva, y la masa madre dialoga con bacterias y levaduras salvajes, alargando fermentaciones que afinan aromas. La corteza canta, la miga abraza, y el pan se vuelve calendario del valle, puente entre abuelos y nietos, alimento que acompaña, calma y reúne.
Un cuenco de ajdovi žganci humea junto a un estofado sencillo, los štruklji integrales se enrollan con paciencia, y una potica con harinas mixtas perfuma la tarde. La cocina eslovena combina granos con repollos fermentados, manteca o aceite de calabaza, y hierbas de temporada. Nada rebuscado: temperatura justa, punto de sal atento y sobremesa amable convierten lo cotidiano en celebración duradera.
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